El guayacán
Andaba en busca de agua una muchacha del pueblo de los Nivakle, cuando se encontró con un árbol fornido, Nasuk, el guayacán, y se sintió llamada.

Se abrazó a su firme tronco, apretándose con todo el cuerpo, y clavó sus uñas en la corteza.

El arbol Sangró. Al despedirse ella dijo: -¡Cómo quisiera, Nasuk, que fueras hombre!

Y el guayacán se hizo hombre y fue a buscarla. Cuando la encontró, le mostró la espalda arañada y se tendió a su lado.
